El cuerpo en escena: teatro terapéutico, trauma y la ciencia de sanar en relación
Voy a suponer algo sobre ti. Si estás leyendo esto, es probable que hayas pasado por algún proceso terapéutico, o que estés considerando empezar uno. Y es probable también que en algún punto te hayas dado cuenta de que hablar tiene un límite. Que puedes explicar muy bien lo que te pasó, incluso entenderlo, y que aun así algo en ti sigue reaccionando igual. El cuerpo que se tensa cuando alguien te habla en un tono determinado. El nudo en la garganta que aparece antes de que hayas tenido tiempo de pensar nada.
Yo lo conozco bien. Crecí en una casa donde el aire cambiaba de temperatura antes de que mi padre abriera la boca. Aprendí a leer esas variaciones con una precisión que ningún libro me enseñó. Y durante muchos años fui capaz de hablar sobre eso con mucha articulación mientras mi cuerpo seguía funcionando exactamente igual: en guardia, gestionando, midiendo distancias.
Por qué el cuerpo sigue reaccionando aunque la mente lo entienda: trauma del desarrollo y memoria somática
Hay una razón neurobiológica para esa sensación de que entiendes algo pero no lo has integrado. El psiquiatra Bessel van der Kolk (2014) lo explica en El cuerpo lleva la cuenta: el trauma se almacena en los circuitos subcorticales como memoria implícita, física, prerverbal. El cuerpo sigue reaccionando aunque la mente lleve años trabajando el tema.
El neuropsicólogo Allan Schore (2019) añade otra capa: los patrones de desregulación emocional que tienen origen en la infancia temprana se organizan en el hemisferio derecho del cerebro. Se codificaron antes de que hubiera palabras. Y eso deja una huella en un registro que el lenguaje difícilmente alcanza.
Por qué el escenario llega donde la conversación se queda corta
Jacob Levy Moreno, psiquiatra rumano-austriaco, desarrolló el psicodrama en Viena a partir de 1921. La idea era tan simple como radical: en lugar de hablar sobre los conflictos, actuarlos. En el espacio físico de un escenario, con otros presentes, en tiempo real. Con el cuerpo como instrumento principal del trabajo.
Van der Kolk (2014) identifica tres razones concretas por las que el teatro funciona con el trauma. Primero: el escenario permite encarnar respuestas distintas a las que el sistema nervioso cristalizó. El cuerpo ensaya lo que antes no pudo hacer. Segundo: actuar exige presencia física, lo que contrarresta directamente la tendencia disociativa. Tercero: pertenecer a un grupo que crea algo junto es un antídoto frente al aislamiento y la fragmentación identitaria que suelen acompañar al trauma.
Lo que dice la investigación
Orkibi et al. (2023), en el meta-análisis más completo disponible —30 estudios controlados, 1.567 participantes—, encontraron un tamaño del efecto medio de d = 0,50 sobre resultados de salud mental. Para contexto: Leichsenring et al. (2022) obtuvieron d = 0,34 para psicoterapias en general. Las terapias basadas en el drama salen ligeramente mejor.
En el trabajo con trauma específicamente, Giacomucci y Marquit (2020) documentaron reducciones superiores al 25% en síntomas de estrés postraumático en apenas dos o tres semanas con psicodrama focalizado en trauma.
Giacomucci, S., & Marquit, J. (2020). The effectiveness of trauma-focused psychodrama. Frontiers in Psychology, 11, 896.
Moreno, J. L. (1946). Psychodrama (Vol. 1). Beacon House.
Orkibi, H., et al. (2023). Effectiveness of drama-based therapies on mental health outcomes. Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts.
Schore, A. N. (2019). Right brain psychotherapy. W. W. Norton & Company.
van der Kolk, B. A. (2014). El cuerpo lleva la cuenta. Eleftheria.
Wampold, B. E., & Imel, Z. E. (2015). The great psychotherapy debate (2.ª ed.). Routledge.