Cuando el cuerpo también necesita ser escuchado: psicoterapia corporal y contacto físico en el tratamiento del trauma
Hay algo que mucha gente describe después de años de terapia. Que entienden bien lo que les pasó. Que pueden nombrarlo, contextualizarlo, verlo desde varios ángulos. Y que aun así el cuerpo sigue reaccionando igual. El corazón que se acelera ante ciertos tonos de voz. La mandíbula que se aprieta sin que haya ninguna razón aparente. Esa sensación de estar permanentemente preparado para algo que ya ocurrió hace mucho.
Yo lo conozco bien. Crecí en una casa donde el estado emocional de mi padre marcaba el clima de toda la habitación antes de que dijera una sola palabra. Aprendí muy pronto a leer señales y mi cuerpo archivó ese aprendizaje con una fidelidad que ningún proceso posterior ha borrado del todo.
Por qué hay cosas que la conversación no alcanza
El trauma se almacena en el sistema nervioso como memoria corporal, implícita, prerverbal. El psiquiatra Bessel van der Kolk (2014) lo lleva años documentando: lo que nos ocurrió en situaciones de peligro o desamparo queda grabado no como un recuerdo narrativo, sino como un patrón físico. Una forma de tensarse, de respirar, de relacionarse con el espacio y con los demás.
Qué es la terapia somática y la psicoterapia corporal en la práctica
Los dos enfoques más desarrollados son el Somatic Experiencing (SE) de Peter Levine y la Psicoterapia Sensoriomotriz de Pat Ogden. Levine observó algo en los animales relevante para los humanos: cuando un animal escapa de un depredador, una vez a salvo se sacude, tiembla, descarga la energía de supervivencia activada. Los humanos, con nuestra capacidad de inhibir esas respuestas instintivas, con frecuencia interrumpimos ese ciclo. El SE trabaja para que esas respuestas interrumpidas puedan completarse, de forma gradual y segura.
En una sesión, el terapeuta invita a prestar atención a lo que ocurre en el cuerpo mientras se habla de algo difícil. Una tensión en el pecho, un impulso de encogerse, un temblor leve en las manos. Se trabaja con esas sensaciones directamente, a un ritmo que el sistema nervioso pueda tolerar.
Lo que dice la investigación
En 2017, Brom et al. publicaron en el Journal of Traumatic Stress el primer ensayo controlado aleatorizado sobre el Somatic Experiencing. 63 personas con diagnóstico de TEPT, 15 sesiones. Los resultados mostraron reducciones importantes en los síntomas de TEPT y en la depresión. Kuhfuss et al. (2021), en una revisión de 16 estudios, encontraron evidencia preliminar positiva en síntomas de TEPT, síntomas emocionales y bienestar general.
El contacto físico: lo más delicado y lo más poderoso
Dentro del SE avanzado, Levine incorpora el tacto terapéutico: un contacto muy suave en momentos específicos del proceso, para anclar una sensación de seguridad mientras el sistema nervioso está activado. Schore (2022) documenta que en los primeros años de vida el tacto es el canal principal a través del cual el sistema nervioso del bebé aprende a regularse. Para muchas personas, ese proceso ocurrió de forma incompleta. El tacto terapéutico, cuando se ofrece en las condiciones adecuadas, puede activar esos mismos circuitos de una manera que la conversación no alcanza.
El tacto en psicoterapia tiene un potencial terapéutico real y un riesgo igualmente real si se aplica sin los cuidados necesarios. Requiere consentimiento explícito, reiterado y genuinamente revocable, una base sólida de seguridad en la relación terapéutica, y formación específica del terapeuta.
Brom, D., et al. (2017). Somatic experiencing for posttraumatic stress disorder. Journal of Traumatic Stress, 30(3), 304–312.
Kuhfuss, M., et al. (2021). Somatic experiencing – effectiveness and key factors. European Journal of Psychotraumatology, 12(1), 1929023.
Levine, P. A. (1997). Waking the tiger: Healing trauma. North Atlantic Books.
Ogden, P., & Fisher, J. (2015). Sensorimotor psychotherapy. W. W. Norton & Company.
Schore, A. N. (2022). Right brain-to-right brain psychotherapy. Annals of General Psychiatry, 21(1), 44.
van der Kolk, B. A. (2014). El cuerpo lleva la cuenta. Eleftheria.