Aprender a regularse: Allan Schore y la neurobiología de por qué nos transformamos en relación
Hay una pregunta que toda persona que se ha sentado alguna vez en un proceso terapéutico acaba haciéndose, a veces sin palabras: ¿cómo es posible que hablar con alguien cambie algo tan profundo como la manera en que me siento, me relaciono o reacciono? La respuesta ha encontrado en los últimos treinta años un respaldo neurobiológico sólido gracias al trabajo del Dr. Allan Schore, neuropsicólogo de la UCLA.
El cerebro que se construye en brazos de otro
Desde que nacemos, el hemisferio derecho del cerebro se desarrolla a una velocidad extraordinaria. Este hemisferio, que Schore (2019) denomina la sede del self implícito, es el sustrato neurológico del mundo emocional y relacional. En él residen los sistemas motivacionales básicos, la memoria emocional implícita y los patrones de apego que organizarán la vida afectiva del individuo a lo largo de todo el ciclo vital.
Lo más decisivo es esto: ese cerebro derecho en formación no madura en el vacío. Madura en sincronía con el cerebro derecho de quien cuida. Mirada con mirada, tono con tono, cuerpo con cuerpo, cerebro derecho con cerebro derecho.
De la corregulación a la autorregulación
En los primeros meses de vida, el bebé no tiene capacidad para regular sus propios estados emocionales. Es el sistema nervioso de la figura de apego el que actúa como regulador externo. A través de miles de episodios de corregulación exitosa, el cerebro del bebé comienza a internalizar esa capacidad reguladora. Va construyendo, de manera lenta e implícita, circuitos neurales que le permitirán, con el tiempo, modular sus propios estados emocionales. Eso es autorregulación (Schore, 1994).
El trauma relacional como ruptura en la autorregulación del sistema nervioso
Schore (2003) define el trauma temprano no solo como un evento aterrador, sino como una experiencia de desregulación extrema sin posibilidad de reparación. Esta respuesta adaptativa queda codificada en la memoria implícita del hemisferio derecho. Por eso el trauma no se recuerda: se revive, en el cuerpo, en la relación.
La psicoterapia como experiencia de reparación neurobiológica
Schore (2012) propone que el proceso de cambio terapéutico ocurre a través de lo que denomina comunicación derecho a derecho: el hemisferio derecho del terapeuta y el del cliente entran en una forma de resonancia implícita, no verbal, que activa los mismos circuitos relacionales que se activaron —o no se activaron de forma óptima— en los vínculos tempranos.
Lo que transforma no es la interpretación correcta ni la técnica más sofisticada, sino la calidad de la presencia del terapeuta, su capacidad de sintonía, su disposición a ser afectado y a mantenerse regulado al mismo tiempo. El trabajo no ocurre de izquierda a izquierda —de mente a mente—, sino de derecha a derecha: cuerpo a cuerpo, emoción a emoción, presencia a presencia.
Schore, A. N. (1994). Affect regulation and the origin of the self. Lawrence Erlbaum Associates.
Schore, A. N. (2003). Affect dysregulation and disorders of the self. W. W. Norton & Company.
Schore, A. N. (2012). The science of the art of psychotherapy. W. W. Norton & Company.
Schore, A. N. (2019). Right brain psychotherapy. W. W. Norton & Company.
Schore, A. N. (2022). Right brain-to-right brain psychotherapy. Annals of General Psychiatry, 21(1), 44.